A todos los que vinieron antes de mi

Esta semana falleció Larry Kramer, creador de Act UP y uno de los principales activistas LGBT que ha habido; conocido por su estilo combatiente, Larry vivió en Nueva York en los ochentas y sufrió en carne propia lo que fue la pandemia del SIDA en esa ciudad.

La muerte de Larry, y en general su vida, siempre me ha hecho pensar sobre todos los gays que vivieron, y murieron, para que yo hoy pueda ser un hombre gay, casado con otro hombre, en Ciudad de México.

La vida de Larry estuvo enmarcada en la muerte y la lucha social. Creó Act Up, la primera asociación política en protestar abierta y mediáticamente la falta de estrategias coherentes que frenasen el avance del HIV. Él vivió, pero muchos de los que lucharon a su lado no vieron la década de los noventas.

Es díficil entender la cantidad de vidas que se han perdido en esta lucha. El SIDA, la violencia del entorno o incluso el suicidio han mermado considerablemente la lista de activistas LGBT a nivel global.

Los hombres gays somos de las especies más inmediatistas y egocéntricas que existen, nuestra vida, nuestro momento, este momento, ese que me está pasando a mi, es el momento más importante de la historia.

Por eso es fácil entender la poca gratitud que solemos tener a todos los que hicieron nuestra vida actual posible. Pero para poder avanzar, y sobretodo para poder mejorar nuestro sentido de comunidad, es importante recoocer a aquellos que hicieron posible que tu y yo hoy podamos hacer un Tik Tok bailando como J-LO sin que los vecinos vengan con antorchas y palos a buscarnos.

Ser gay hoy en día en la mayoría de los países de habla hispana no es ni una décima de lo díficil que era hace tan sólo unas décadas, y eso no pasó de la noche a la mañana. Muchos hombres y mujeres homosexuales lucharon a capa y espada para poder obtener una serie de derechos, que en muchos países siguen siendo mínimos, pero que sin duda son una ganancia frente a lo que se tenía hace unos años.

La mayoría de ellos eran activistas sin quererlo o en muchos casos anónimos, como la primera persona en organizar un orgullo LGBT en Caracas, el primero en abrir un bar gay en Bogotá o la primera transexual en pelear de vuelta contra la policía en Buenos Aires. Ellos son la mayoría, los héroes del día a día, los que con cada pequeño paso lograron hacer grandes cambios sociales.

Anónimos, pero no invisibles, por el contrario, la visibilidad fue su caballo de batalla, el cuál se convertiría en un arma de doble filo. Ser visibiles les permitía decirle a nuestras sociedades que no todos teníamos que ser beatos de iglesia y que no por eso eramos menos; pero también ser visibles los hacía blanco de burlas, discriminación y, en el peor de los casos, de la violencia de elementos de la sociedad que no querían verse reflejados en ese espejo.

Los gays y lesbianas que nos trajeron hasta aquí vivían su día a día diciéndole al mundo que eran diferentes. “I’m here I’m queer, get used to it” gritaban nuestros hermanos en Nueva York, “Yo soy así y así segurié” al frente del parlamente madrileño. Ser diferente y no por eso ser menos. Ser sexual y no por eso pecador.

Ser.

Esos miles de hombres y mujeres que lucharon por mi, para que yo hoy simplemente pudiese ser, se merecen no sólo nuestro más absoluto respeto y gratitud, sino también darles el crédito debido por haber movido nuestras sociedades a ser más abiertas y más diversas.

Gracias anónimos y no anónimos, gracias a los que nunca pudieron amar abiertamente porque me permitieron a mi hacerlo hoy; gracias a los que fueron afeminados en sociedades machistas porque abrieron la puerta a la discusión sobre la masculinidad tóxica, gracias a los primeros en escribir en períodicos y revistas rudimentarias porque me permitieron a mi sentirme orgulloso de estas líneas.

Gracias a todos los que, como Larry y sus amigos, se atrevieron a discutir de la política para las minorías; gracias a los que fueron un paso más allá y fueron los primeros candidatos de congresos en países con democracias débiles.

Gracias a cada uno de ustedes porque, por ustedes, hoy nosotros podemos ir un poco más lejos, soñar un poco más, y quizás tengamos el honor de, en circunstancias sin dudas mejores, avanzar la sociedad un poco más para los que vienen después de nosotros.

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